
Había una vez un Emperador que tenia una hija. Ella era su orgullo, su tesoro. La adoraba sobre cualquier otra cosa. Mientras envejecía y su salud empezaba empeorar, se dio cuenta de que el no siempre estaría ahí para cuidar y proteger a su preciosa hija. El determino que seria mejor si pudiera encontrar un esposo para ella.
Cuando se supo que el Emperador estaba buscando un esposo para la Princesa, muchos hombres acudieron al palacio a pedir la mano de su hija en matrimonio. La princesa le replicaba a su padre. “Padre, deja que me quede contigo para cuidarte. No quiero casarme y dejarte”. Pero su padre no la escuchaba. Finalmente el dijo que le permitiría especificar una cualidad que su esposo debería tener; ser rico o verse bien, o tener alguna habilidad especial, lo que quisiera. La princesa dijo que nombraría la cualidad al día siguiente. Esa tarde la princesa fue al jardín a hablar con el hijo del jardinero, su compañero de la infancia. “Si digo que mi esposo debe ser apuesto, el podría ser apuesto pero tener un cruel corazón. Si digo que mi esposo sea amable, podría terminar siendo terriblemente viejo. Oh ¿que cualidad debería especificar?”.
Al discutir el problema, la Princesa y el jardinero determinaron que debería ser una prueba; difícil, pero no imposible. “Y debe ser ambigua”, dijo el hijo del jardinero, “de este modo serás tu quien decida si el hombre califica”. Esa noche finalmente decidieron cual debía ser la cualidad.
A la mañana siguiente la princesa le dijo a su padre, “me casare con el hombre que pueda traerme una rosa azul”
Entre el sin fin de pretendientes ninguno pudo encontrar una rosa azul.
Un adinerado mercader que no quería perder tiempo buscando la rosa, fue con un vendedor de flores. “Te daré una bolsa de oro si puedes encontrarme una rosa azul”, dijo el comerciante. Después de mucha búsqueda, el vendedor de flores se rindió. Trajo una fuerte tintura en un florero, y puso una rosa blanca en el. Los pétalos de la rosa se volvieron azul pálido. “Mantén la rosa en el florero con la tintura”, le dijo al mercader, “hasta justo antes de dársela a la Princesa”.
El mercader le dio la rosa a la Princesa, y mientras la Princesa la sostenía en su mano, una gota de tintura azul se desprendió del tallo de la roza. La Princesa miro al mercader a los ojos. “No puedo casarme contigo”, fue lo que dijo. “Haz intentado engañarme. Yo quiero un esposo que sea honesto.”
Hubo un apuesto y joven guerrero, quien quería casarse con la princesa. Era fuerte y poderoso. Nadie se atrevía a enfrentársele. El joven guerrero fue con el rey de un reino vecino. “Trame una rosa azul”, dijo, “o te matare a ti a la mitad de la gente en el reino.” El rey, quien valoraba la paz y no deseaba pelear, le dio al guerrero un zafiro azul, el cual había sido tallado con la forma de una rosa.
El joven guerrero le dio la rosa a la Princesa. Ella miro sus fríos ojos –ojos que eran tan duros como la piedra. Dijo “no me puedo casar contigo. Debo tener una rosa azul real, no una que sea dura y fría.”
El más joven de los consejeros del Emperador quería la mano de la Princesa. Desarrolló un plan inteligente. Le comisiono a un artista que hiciera un tazón azul, que en los lados del tazón pintara una rosa azul, y que recubriera los bordes con oro. Era frágil y delicado, una cosa de rara belleza. El joven se arrodilló y le entrego la rosa a la Princesa. La Princesa miró el tazón, y miró los ojos del joven hombre. “Princesa, cásese conmigo” dijo el joven, “te ayudare a dominar tu reino.”
La Princesa negó con la cabeza, “debo tener una rosa real.”
Esa tarde la princesa se sentó en el jardín a hablar con el hijo del jardinero. “Ninguno de ellos pudo traerme una rosa azul. Debo casarme con alguien que sea realmente honesto conmigo, como tu siempre lo has sido.”
“No puede ser duro ni cruel. Necesito a alguien que sea amable y paciente, como tu lo has sido.”
“No quiero un esposo que busque poder y riquezas. Quiero a alguien que me valore por quien soy, como tu lo haces…”
“Princesa…”, dijo el hijo del jardinero, “mañana te traeré una rosa azul. Espérame en la habitación azul justo antes de la puesta del sol.”
Al día siguiente, justo antes de la puesta del sol, la Princesa se sentó en la habitación azul. El hijo del jardinero se aproximo llevando una rosa roja en sus manos.
“Pero si es una rosa roja común”, dijo uno al verlo pasar.
“Es el hijo del jardinero”, dijo otro, despectivamente
“Seguramente la Princesa lo rechazara”, dijo un tercero.
La Princesa dijo: “gente mía, permítanme contarles lo que veo. Veo a un hombre que siempre ha sido realmente honesto. Veo a un hombre que tuvo el coraje para ser paciente y la bondad necesaria para esperar a que supiera lo que hay en mi corazón. Veo a un hombre que me valora por quien soy. En sus manos hay un regalo de amor. Y es azul.
Y si no pueden ver que las rosas son azules, les diré que no mirais con los ojos del amor.
El viejo Emperador tomó la mano de su hija, tomó la mano del hijo del jardinero y las unió.
Desde aquel día, la princesa lució rosas rojas en su arreglo, ufana, de lucir, las flores que el ahora príncipe, cultivaba especialmente para ella
.Muchas veces caminando por los jardines del palacio reían de sus rosas azules, que los hombres comunes, veían rojas.
La Princesa se caso con el hijo del jardinero y vivieron felices para siempre, no por que el que cuenta la historia lo dice, no, por que así es como las historias de amor han de terminar. sino por que la Princesa y el hijo del jardinero sabían que su felicidad estaba en sus manos y que cada uno era responsable de de asegurarse que el otro sea feliz.
Inspirado en una narración de Black Wings








Sin palabras amiga lielina bellisimo y como soy un romanticosiempre me han gustado los finales felices.
Y sabes me gusto lo que dijiste que los cuentos de terror te daban miedo y que todavia eras una chiquilla,lo senti tan espontaneo y natural,ademas te dire que muy dentro de nosotros seguimos siendo jovenes el cuerpo envejece pero no nuestro espiritu.Un gran abrazo
Tierno.
Te agradezco el comentario, de vuestros comentarios se alimentan mis ganas de compartir cuentos
Muy bueno, gracias!
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